Durante años, nos han dicho que los proyectos de infraestructura masiva son inevitables. Que las plantas de combustibles fósiles, los proyectos de desalinización y las instalaciones industriales son simplemente el precio de la vida moderna. Que las comunidades pueden protestar, pero al final, las corporaciones siempre ganan.
La evidencia dice lo contrario.
En todo Estados Unidos —y especialmente en California— las comunidades no solo se están resistiendo a proyectos perjudiciales. Están ganando. Están reconfigurando políticas, protegiendo la salud pública y construyendo alternativas más limpias y resilientes. Estas victorias no son teóricas. Son medibles, documentadas y cada vez más comunes.
Y es precisamente por eso que no reciben mucha atención.
Uno de los ejemplos más claros se dio en 2022, cuando la Comisión Costera de California rechazó por unanimidad una planta desalinizadora propuesta de 1.400 millones de dólares $en Huntington Beach, tras más de dos décadas de planificación y presión.
La decisión siguió a años de organización por parte de residentes, grupos de justicia ambiental y gobiernos locales. El resultado fue decisivo: al proyecto se le negó un permiso y quedó efectivamente detenido.
Resultados específicos:
Esta no fue una victoria simbólica. Cambió la trayectoria de la política hídrica en California y sentó un precedente para futuros proyectos.
También demostró algo poderoso: la persistencia puede superar el dinero y la presión política.
Otra historia de éxito tranquilo se está desarrollando en el sector energético.
Durante décadas, las centrales de carbón se consideraron elementos permanentes del paisaje estadounidense. Hoy en día, muchas están cerrando antes de lo previsto, impulsadas en parte por la presión de las comunidades, las preocupaciones por la salud pública y el rápido crecimiento de la energía más limpia.
Estos cierres han producido resultados tangibles.
Resultados específicos:
El cambio no está ocurriendo porque las corporaciones cambiaron de rumbo de repente. Está ocurriendo porque las comunidades exigieron un cambio, y los legisladores respondieron.
Ganar no se trata solo de detener proyectos dañinos. También se trata de construir otros mejores.
Los proyectos de energía solar comunitaria y microrredes se están expandiendo rápidamente en Estados Unidos, proporcionando electricidad confiable, reduciendo costos y mejorando la resiliencia durante eventos climáticos extremos y cortes de energía.
Estos sistemas permiten a los vecindarios, escuelas y pequeñas empresas generar y almacenar su propia energía a nivel local.
Y funcionan.
La capacidad de energía solar comunitaria en los Estados Unidos ha superado los 6.5 gigavatios, con miles de hogares participando y ahorrando dinero en sus facturas de electricidad.
Las microrredes — sistemas de energía locales que pueden operar de forma independiente de la red principal — también están creciendo rápidamente. Se proyecta que la capacidad de microrredes de EE. UU. alcance 10 gigavatios para 2025, lo que refleja la creciente demanda de energía confiable y resiliente.
Resultados específicos:
Estos ya no son proyectos piloto. Se están convirtiendo en una parte central del sistema energético moderno.
Las corporaciones y las empresas de servicios públicos a menudo presentan el progreso ambiental como algo lento, incierto y costoso. Pero la realidad sobre el terreno cuenta una historia diferente.
Las comunidades están demostrando que el cambio es posible, y que puede suceder más rápido de lo esperado.
Están protegiendo las costas del peligroso desarrollo industrial.
Están acelerando la transición para abandonar las plantas de energía contaminantes.
Están construyendo sistemas de energía más limpios y resilientes desde cero.
Y lo están haciendo con recursos limitados, contra una oposición bien financiada.
Eso no es un fracaso.
Eso es éxito.
La lección más importante de estas victorias es simple.
Las comunidades no están indefensas.
Están elaborando políticas.
Están influyendo en los mercados.
Están impulsando la innovación.
Y están demostrando que el futuro no tiene por qué estar dictado por las corporaciones o la infraestructura heredada.
Las soluciones ya existen.
El impulso ya se está construyendo.
Lo que suceda a continuación dependerá de si reconocemos estos triunfos y los aprovechamos.
Fuentes y referencias